Con el
descubrimiento de los compuestos fotosensibles en la década de 1830, y su
exposición dentro de cajas cerradas, la cámara oscura pasó a llamarse cámara
fotográfica o simplemente cámara.
Los primeros modelos consistían en dos grandes cajas de
madera que se deslizaban una dentro de otra para enfocar. En un extremo se
hallaba el objetivo y en el otro un vidrio deslustrado que hacía las veces de
pantalla de enfoque y que, posteriormente, se sustituía por la placa
fotosensible al hacer la toma. La máquina se usaba siempre sobre un soporte y
no pudo sujetarse a mano hasta que no se lograron películas y obturadores lo
suficientemente rápidos como para contrarrestar las vibraciones del pulso.






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