Una vez determinado el encuadre definitivo sobre la hoja de contactos, se realiza un enfoque de precisión observando la imagen proyectada sobre el tablero del marginador abriendo a tope el diafragma. (A diafragmas muy abiertos es reducidísima la profundidad de campo, lo que nos asegura un enfoque aún mayor cuando cerremos después dos o tres puntos el diafragma para exponer la imagen definitiva. Para mayor exactitud se suele proyectar además la imagen sobre el dorso de una copia inservible del mismo grosor).
Con los datos obtenidos en la hoja de contactos (contraste y tiempo de exposición para una copia de tamaño equivalente), y de la tira de pruebas (tiempo concreto de exposición para esa copia), se elige el tipo de papel. A continuación apagamos la luz blanca y encendemos la roja de seguridad, se extrae una hoja evitando sobarla y se sujeta en el marginador con la emulsión hacia arriba (se distingue fácilmente por su brillo a la luz de seguridad y al tacto).
El
proceso se detiene sacando la copia y pasándola a la bandeja del baño
de paro que tiene la misma composición y funciones que cuando
revelábamos el negativo (detener al instante el revelado y neutralizar la
acción del revelador y su pH). Al pasar la copia a esta bandeja con las pinzas del revelador, no
conviene tocar este baño para no contaminar luego el revelador. El
resto de los pasos se hacen con sus propias pinzas. Del baño de paro se pasa al de fijado donde se mantiene unos
minutos y de ahí al lavado final en agua corriente.








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